Elecciones en Francia: guía rápida para entenderlas

Nada será igual en Francia a partir del próximo 24 de abril. La víspera, el domingo 23, el país vecino decidirá en las urnas qué rumbo toma para su futuro más inmediato. La primera vuelta de las elecciones presidenciales determinará que dos propuestas aspirarán definitivamente a ocupar el Palacio del Elíseo. Las opciones electorales, totalmente alejadas unas de las otras, plantean un escenario incierto para el futuro de la V República

Por un lado, Los Republicanos (derecha liberal) y el Partido Socialista Francés, ambos responsables de las políticas de austeridad antisociales, están fragmentados debido a las divisiones internas y a los casos de corrupción. Por otro lado, la aparición de dos alternativas totalmente opuestas entre sí pero consecuencia ambas de las políticas de austeridad promovidas por la Troika: el Frente Nacional de Marine Le Pen, proteccionista y xenófobo, y la Francia Insumisa de Jea-Luc Mélenchon, que apuesta por un Plan B para Europa en clave social y democrática, aparecen como las dos principales alternativas al dañado bipartidismo. Por último, Emmanuel Macron, banquero y candidato de las élites que durante meses ha liderado las encuestas, se presenta como la opción de centro, con un discurso centrado en la regeneración democrática del sistema neoliberal pero demasiadas carencias en política social, lo que puede que le haga perder votos.

Las encuestas, que en Francia suelen tener un porcentaje alto de acierto, apuntan a un resultado final ajustado que seguramente decidan el nivel de participación (que apuntan puede ser bajo) y los votantes indecisos. No obstante, el alto grado de volatilidad del voto puede decantar la balanza electoral hacia un lado u otro del tablero político. La clave estará en los detalles de última hora.

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Breve repaso a la historia reciente de la V República

Como hemos podido ver, Francia se enfrenta a los comicios electorales más inciertos en la historia de la V República, vigente desde 1958. Pero, ¿qué factores han influido para llegar a esta situación?

La historia socioeconómica del país durante el último lustro ha sido irregular. Superada con solvencia la Gran Recesión del año 2008, el año 2016 supuso un punto y aparte en la historia económica de Francia, que vio como su crecimiento se estancaba y su economía se contraía, lo que supuso que François Hollande impulsara en marzo de ese mismo año una reforma laboral que fulminaba algunos de los principios básicos de la izquierda, como la jornada laboral de 35 horas, y que permitía a las empresas llevar a cabo despidos colectivos o bajadas de sueldo generalizadas para “conquistar nuevos mercados”.

Esta reforma supuso un aumento de la tensión social en el país, lo que derivó en grandes manifestaciones de trabajadores y estudiantes, las más multitudinarias durante la Eurocopa que celebró el país a principios de verano. El Nuit Debout (“noche en pie” en francés), movimiento social y obrero inspirado en el 15-M, tomó las calles de París y de otras grandes ciudades francesas desde marzo de 2016 y canalizó la indignación hacia el gobierno socialista de François Hollande y Manuel Valls. Con la presión social en aumento y con el Gobierno de Hollande amenazando a los huelguistas con obligarles a trabajar para no entorpecer la Eurocopa, la reforma laboral fue aprobada sin el aval parlamentario de la Asamblea Nacional usando un atajo constitucional propiciado por el artículo 49.3 de la Constitución. Algo gravísimo.

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La reforma laboral de marzo de 2016 provocó grandes movilizaciones en toda Francia

Pocos meses después, durante febrero de 2017, la brutalidad policial y el recorte de las libertades en las banlieues, barrios periféricos de las grandes ciudades donde se calcula que viven entre 10 y 12 millones de personas, incrementaron el malestar social de los inmigrantes. Las políticas restrictivas impulsada por el gobierno de Hollande con la excusa de la amenaza terrorista han estigmatizado a estos barrios, que se han convertido en verdaderos guetos. Un informe del Defensor de Derechos público del gobierno galo reveló que el 80% de los jóvenes de raza negra o árabe habían sido registrados por la policía por solo un 16% de jóvenes de raza blanca.

Fue en estos barrios, donde se calcula que alrededor de un 40% de los jóvenes está desempleado, donde el acoso policial, las redadas arbitrarias y las detenciones indiscriminadas empezaron a ser constantes, provocando un clima de crispación social constante que finalmente estalló con la paliza y la violación sufrida por un joven africano de 22 años a manos de cuatro policías que le golpearon brutalmente y le introdujeron una porra por el recto. Los disturbios se sucedieron durante más de dos semanas en diferentes ciudades del país al grito de “la policía mata” y “justicia”. Decenas de heridos y casi trescientos detenidos después Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, pedía “mano dura” y “crear 40.000 plazas suplementarias de prisión”.

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Febrero de 2017: la brutal agresión a un joven africano por parte de la policía provocó grandes disturbios nocturnos en los banlieues

En este contexto de crisis social y económica, con los dos partidos tradicionales fragmentados a izquierda y derecha debido a las políticas de austeridad y los casos de corrupción, y con el recuerdo de la amenaza terrorista presente en cada rincón del país, el Frente Nacional, partido ultraderechista y xenófobo liderado por Marine Le Pen, ha superado sus propias expectativas electorales colocándose como uno de los grandes favoritos a ocupar el Palacio del Elíseo.

Por otra parte, la mala gestión de la amenaza terrorista del gobierno socialista ha normalizado el recorte de libertades y ha propiciado un clima constante de terror, lo que en cierta manera ha legitimado las propuestas islamófobas del Frente Nacional. Francia, por tanto, ha sucumbido finalmente ante una crisis política, social, económica y de calidad democrática muy similar a las que a lo largo de los últimos años han asolado el sur del continente. El resultado final de las elecciones presidenciales supondrá un punto de inflexión en el devenir histórico de la V República.

¿Quieres saber más?: Quién es quién. Breve análisis de las principales opciones electorales

Marine Le Pen, hija del neofascista Jean-Marie Le Pen (líder del Frente Nacional desde su fundación en 1972 hasta 2011) que lidera el renovado Frente Nacional. Tras un largo periodo de reacondicionamiento ideológico la extrema derecha ha sabido reformular su mensaje neofascita hacia el de un movimiento de derechas moderno en clave nacional identitaria. Recoge en su seno al votante desencantado con las políticas liberales aplicadas por Republicanos y Socialistas, que han sumido a las regiones industriales y periféricas del país en una profunda depresión. Expresa un profundo rechazo al islamismo y a la Unión Europea, por lo que una de sus principales propuestas es la celebración de un referéndum similar al que propició el “Brexit”. Con el tradicional bipartidismo roto por las políticas de austeridad y los casos de corrupción, los recientes ataques terroristas en el país y las políticas belicistas en Oriente Próximo han propiciado la emergencia de los mensajes islamófobos del partido, que lo ha tenido fácil al hacer suyas las políticas sociales restrictivas y paranoicas del socialista François Hollande. El silencio de las instituciones europeas y francesas ante el aumento de los mensajes racistas ha legitimado el mensaje del partido de Marine Le Pen, que se presenta como la opción de corte proteccionista y nacionalista frente al fracaso del liberalismo.

Emmanuel Macron, baluarte del centralismo francés para estas elecciones, ha superado hasta el momento las expectativas liderando las encuestas como máximo favorito para alzarse con la victoria final. Banquero joven y atractivo, el Albert Rivera francés ha catapultado a su propio movimiento político, ¡En Marcha!, hasta las primeras posiciones en las encuestas. Las élites económicas, amedrentadas por los mensajes anti entablishment a izquierda y derecha, presentan un candidato televisivo y mediático, autor de las reformas económicas más antisociales del gobierno de Manuel Valls pero que ha contado con el apoyo de los medios de comunicación más poderosos. No obstante, las dudas sobre el origen de la financiación de su partido, así como su pasado en el área derecha del partido socialista, ponen en duda un discurso que apuesta por la transversalidad frente a la dicotomía izquierda-derecha y que se ha centrado en jugar con el lenguaje hasta el punto de presentar un programa económico neoliberal con tintes sociales.

Jean-Luc Mélenchon. A sus 65 años, el actual eurodiputado, antiguo miembro del Partido Socialista, ha conseguido que la plataforma política que lidera, Francia Insumisa, alcance en las últimas semanas los primeros puestos de las encuestas, apareciendo de manera inesperada como alternativa para pasar a la segunda vuelta electoral. Con un discurso marcadamente de izquierdas, en sus apariciones públicas Mélenchon elogia a la Revolución Francesa, al Frente Popular y a la Comuna de París o entona La Marsellesa y La Internacional. Bajo el lema “L’Avenir en Commun” (el futuro en común) Melénchon propone edificar una VI República que suponga una ruptura radical con el actual sistema de gobierno francés y que acabe con lo que él define como “la monarquía presidencial”. Entre sus medidas más aclamadas destacan la derogación de la reforma laboral llevada a cabo por Hollande en 2016, que supuso la precarización de las condiciones laborales y el aumento de la jornada laboral, así como la reindustrialización del país o la mejora de los servicios públicos. Además, y con esto se entiende el miedo del entablishment a este candidato, Mélenchon apuesta por abandonar la Unión Europea de no producirse en el seno del organismo internacional una reforma democrática, social y ecológica.

François Fillon, ex primer ministro francés durante el gobierno de Nicolas Sarkozy y único representante del tradicional bipartidismo, representa a una derecha conservadora y neoliberal que vio diezmadas sus esperanzas de victoria cuando su aspirante fue imputado por supuesto desvío de fondos públicos por el “PenelopeGate” (contrató a su mujer como ayudante con un sueldo de 500.000 euros sin que esta realizase trabajo alguno). Con un marcado discurso neoliberal y unas propuestas xenófobas y discriminatorias propulsadas por la ola de terrorismo que sacude el país, Fillon acude a los comicios con un programa social muy similar a la del ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen pero con una política económica que favorece a los mercados y pro “establishment”. Vamos, algo así como el Donald Trump francés.

Los resultados, el próximo 24 de abril.

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