La pobreza energética no es para el verano

Ya estamos en el mes de mayo. Poco a poco el frío ha dejado paso a las buenas temperaturas, las lluvias han remitido en casi todo el país y los telediarios empiezan a hablar del calor que hace en Sevilla y de lo pobladas que están las playas valencianas. La gente guarda la ropa de invierno – que ya toca – y empieza a sacar la ropa de verano. Todo normal: es casi una tradición.

Sin embargo, y permítanme que corrompa la bucólica imagen que acabo de esbozar, parece que hemos olvidado que hace tan solo unos meses alrededor de 5 millones de personas pasaban frío en sus hogares porque no podían encender la calefacción. Por supuesto, también hemos olvidado a Rosa, la anciana de 81 años que murió en Reus el pasado 14 de noviembre a causa de la pobreza energética. Seguro que muchas personas ni recuerdan su nombre. Es el pasado.

Atrás queda aquel 71% de subida en la factura de la luz respecto a 2008 y aquel 68% de subida en la factura del gas respecto al mismo año. Atrás quedan también los más de 7 millones de personas viviendo con goteras o humedades y el millón de niños (si, millón, con seis ceros) que vive en un hogar donde no hay una temperatura adecuada.

No importa. Todo esto queda atrás porque llega el verano. Y en verano todo el mundo sabe que nadie necesita agua caliente, que nadie necesita cocinar y que ningún niño necesita lavarse o comer. “El calor se aguanta mejor”, dirán los más optimistas.

Mariano Rajoy, estandarte de ese buenrollismo veraniego español – no hay agosto sin verle correr alegre por los montes gallegos – ha presidido el Gobierno que más iniciativas para luchar contra la pobreza energética ha rechazado. Incluso, en un ejercicio de sabiduría kafkiana, ha llegado a afirmar que la pobreza energética no existe.

Puede que tenga razón, puede que no exista. Puede que solo exista la pobreza, a secas. Pero hay una cosa que está clara: hay que tomar medidas políticas ya; hay que actuar ahora. Prohibir los cortes de suministro por impago sin autorización, restituir el bono social, impulsar el autoconsumo o auditar los sobrecostes impuestos por las eléctricas son algunas de las medidas que un Gobierno decente debería tomar. Ahí las dejo, por si alguien quiere apuntarlas…

Escribía Fernando Fernán Gómez que las bicicletas son para el verano. Quizá sea eso. Quizá sea que, como en el Madrid de 1936, la calma precede al temporal. Volverá el invierno y volveremos a hablar del tema, seguro. La cruda realidad nos volverá a golpear en forma de nuevas noticias y nuevos datos. Lo que parece claro, y en esto estaremos todos de acuerdo, es que la pobreza energética no es para el verano.

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